jueves, 4 de abril de 2013

Moira

     Nos conocimos en un bar de mala muerte. Había tenido un día accidentado y decidí ir a ese bar que siempre estuvo ahí pero al que nunca fui. Ella se me acercó como si me conociera de toda la vida y me saludó. Entre tragos y risas nos fuimos acercando. Cuando, finalmente, nuestros labios se tocaron, sentí que no había nada más. Y en efecto, no había más. Mis ojos se cerraron y nunca desperté.

No hay comentarios:

Publicar un comentario